Para usted que quiere ser bautizado

Cristo manda que todo creyente en Él, al creer, debe ser bautizado. El bautismo no salva a la persona, pero sí es útil. Sirve como señal y como sello de la fe del creyente. No es un rito vacío, sino que Dios bendice a la persona que se bautiza, confirmándole y fortaleciéndole en la gracia de Cristo Jesús.

CRISTO manda que todo creyente en Él, al creer, debe ser bautizado. El bautismo no salva a la
persona, pero sí es útil. Sirve como señal y como sello de la fe del creyente (Romanos 4:11).
No es un rito vacío, sino que Dios bendice a la persona que se bautiza, confirmándole y
fortaleciéndole en la gracia de Cristo Jesús. Es una comunicación especial de la gracia de Dios por
la cual el creyente puede vivir en la plenitud de la bendición suya. El bautismo sirve además para
dar testimonio del cambio que Dios ha obrado en uno.
A continuación, ofrecemos unos estudios y unas lecturas para ayudarle a entender qué es y qué
implica el bautismo; o, para decirlo de otra manera, las siguientes páginas son para ayudarle a saber
si usted es cristiano verdadero o no. ¿Para qué ser bautizado si no es creyente? El bautismo en si
no salva. El rito mismo no le hace cristiano. Es importantísimo poner todo el empeño para resolver
la pregunta más importante que jamás puede hacerse: ¿soy de Cristo o no? ¿Me ha salvado Cristo
o no?

PASO NÚMERO UNO, EN CAMINO AL BAUTISMO
Le pedimos que lea el libro “El Camino de la Libertad”, el cual es un manual de instrucciones
sobre el cristianismo y sobre la Biblia, su norma. Estudie cuidadosamente este manual. Si tiene
alguna pregunta o inquietud, favor anotarla para hablarla con el pastor.
Después de estudiar “El Camino de la Libertad”, va a haber otras lecturas que debe hacer antes
de recibir el bautismo. Estas lecturas ayudarán para responder las siguientes preguntas:
1. ¿Qué dice el evangelio?
2. ¿Cómo puedo saber si soy cristiano?
3. ¿Qué significa el bautismo?
4. ¿Qué significa ser miembro de la iglesia?
5. ¿Cómo es la vida cristiana?
6. ¿Cómo hago para crecer como cristiano?
Ahora sí, a leer el libro “El Camino de la Libertad”.
Después de terminar dicha lectura, luego proceda a la próxima página, en la cual encontrará
respuestas para la primera de las seis preguntas arriba.

PASO NÚMERO DOS, EN CAMINO AL BAUTISMO
Siga preparándose para el bautismo buscando la respuesta a la primera de las seis preguntas en
la lista en la página anterior.
¿Qué dice el evangelio?
En el libro “El Camino de la Libertad”, usted recibió algo de explicación sobre este tema, pero
para entender aun mejor, recomendamos la lectura de los siguientes folletos o libros, según el pastor
le indique:
1. “El Camino Estrecho que Lleva a la Vida” – por W. Nichols
2. “Ultimas Preguntas” por J. Blanchard
3. “En Pocas Palabras” por E. Blackburn
4. “Aceptado por Dios” por J. Blanchard
Los cuatro libros explican lo mismo, pero cada libro lo hace en un nivel un poco más detallado.
Después de leerlos, podrá recordar y comprender mejor qué dicen las buenas nuevas de Cristo por
las cuales somos salvos, si no hemos creído en vano (1 Corintios 15:1-4).
Después de terminar la lectura de los libros arriba, puede comentarlos o hacer preguntas con los
pastores de la iglesia, y luego de leerlos, debe seguir a la próxima página donde buscaremos
responder la pregunta:

¿Cómo puedo saber si soy cristiano?

PASO NÚMERO TRES, EN CAMINO AL BAUTISMO

Ahora buscamos contestar la segunda de las seis preguntas anunciadas en la primera página:
¿Cómo puedo saber si soy cristiano?
Una cosa es saber qué dice el evangelio; otra cosa es creer realmente para ser salvo por Cristo.
Incluso uno puede apreciar mucho el mensaje de salvación en Cristo, y, sin embargo, no ser salvo.
En la Biblia encontramos muchas advertencias con respecto a la posibilidad de engañarse en
este asunto. Ya citamos 1 Corintios 15:2. Pablo escribía advertencias similares: Gálatas 3:1-5;
Efesios 5:6: Colosenses 1:19-23. Véase también Hebreos 2:1-3 y 3:12-14 y 6:11,12. Además,
recordamos las palabras del Señor Jesucristo en Mateo 7:21-23.
A la luz de estas advertencias, debemos poner mucho cuidado para poder contestar
correctamente la pregunta. Recomendamos las siguientes lecturas:
1. “La Verdadera Piedad” por W. Nichols
2. “Rasgos Distintivos del Verdadero Cristiano” por G. Spring
3. “Oro Puro” por J. Edwards
Nuevamente le invitamos a charlar con los pastores o con otros miembros de la iglesia sobre el
contenido de estos libros.

¿Qué significa el bautismo?

PASO NÚMERO CUATRO, EN CAMINO AL BAUTISMO
Buscamos contestar la tercera de las preguntas anunciadas:
¿Qué significa el bautismo?
¿Para qué cumplir un rito cuando uno no entiende de qué se trata? Así no tiene valor, ¿verdad?
Por esta razón, a continuación explicamos el significado de bautismo. Vamos a mirar cinco textos
bíblicos:
1. Hechos 22:16. Lea el versículo en su Biblia. Son palabras de un hombre, Ananías. Para tener
toda la historia, lea el capítulo 22, los versículos del uno al dieciséis. En estos versículos, Pablo
el apóstol relata la historia de su conversión a Cristo. Antes de ser creyente en Cristo, Pablo
perseguía a los cristianos. Iba a Damasco para poner presos a los cristianos de allí. Pero Cristo
Jesús se le apareció y le convirtió. Creyó en Cristo y se arrepintió de su pecado. Dios envió a
Ananías para aconsejar a Pablo, ciego por la luz tan brillante que había visto, y le dijo lo que
debía hacer. Lea otra vez el versículo 22. Sí, Pablo debía bautizarse. ¿Para qué? Pues, como dice
el versículo 22, debía bautizarse para lavar sus pecados.
Con estas palabras Dios nos enseña uno de los significados del bautismo. Quiere decir que
uno lava sus pecados y que recibe el perdón. Igual como el agua quita la suciedad del cuerpo,
así la sangre de Cristo quita el pecado.
Claro, el bautismo mismo no lava los pecados. Dios no nos perdona por razón del bautismo.
No, lo que nos limpia es la sangre de Cristo (1 Juan 1:7). Dios nos justifica por razón de lo que
Cristo hizo, no por razón de lo que nosotros hacemos. Pero, a la vez, el bautismo nos hace pensar
en la limpieza que Dios nos da cuando creemos en Cristo. En el rito del bautismo, Dios nos
confirma esta bendición de su gracia. ¡Qué maravilloso vernos limpiados de nuestro pecado y
vernos sin mancha ante el Dios tres veces santo! ¡Qué alivio! iQué paz! ¡Qué respiro tener una
conciencia limpia! ¡Qué bendición saber que en Cristo Dios nos mira con agrado, no con enojo
tal como nuestro pecado merece!
2. Hechos 2:38. En Hechos capítulo dos, leemos el sermón de Pedro el día de Pentecostés. Acusó
a los judíos de haber crucificado al Hijo de Dios. Ellos se asustaron sabiendo que habían pecado
gravemente contra Dios al rechazar a Jesús, su Hijo, a quien Dios había enviado como Rey y
Salvador. ¿Qué debían hacer? Así fue la pregunta que le hicieron a Pedro. La respuesta de Pedro
está en el versículo 38. Debían arrepentirse y bautizarse en el nombre de Jesucristo. ¿Qué
recibirían al obedecer el consejo de Pedro? Recibirían el perdón de pecados y el don del
Espíritu Santo. Es esto que quiere enseñarnos el bautismo.

Es algo parecido a lo que ya leímos en Hechos 22:16. Solo que en Hechos 2:38, hay algo
nuevo, el don del Espíritu Santo. En el momento del rito, el creyente bautizado recibe más, o de
manera especial, lo que ya tenía. Porque otra vez no es el bautismo mismo que nos da el Espíritu
Santo, sino la fe en Cristo (Juan 7:37-39). Sin embargo, con el rito del bautismo Dios nos
comunica más de su Espíritu. Es como un sello del don que nos da cuando creemos (Hechos
15:7-11).
Hasta ahora hemos visto que el bautismo va simbolizando lo siguiente:
– La limpieza o la purificación del pecado
– El perdón de los pecados
– El don del Espíritu Santo, su presencia en el creyente
– El arrepentimiento
3. Romanos 6:4. Según este texto de la Palabra de Dios, el bautismo significa la unión del
creyente con Cristo. Es decir, el creyente, al creer, entra en unión espiritual con Cristo. Y en
esta unión con Cristo, los beneficios de lo que Cristo hizo le son comunicados. Como Cristo
murió al pecado, el creyente en Cristo muere con Él al pecado, y como Cristo resucitó de entre
los muertos, el creyente en unión con Él por la fe, empieza a vivir con Cristo en vida nueva.
Comienza a vivir santamente en obediencia a la ley de Dios, en el poder del Espíritu y para la
gloria de Dios. Ya no vive solo en sus propias fuerzas, sino que Cristo vive en Él (Gálatas 2:20).
4. Tito 3:4-7. El bautismo significa también la regeneración. El creyente ha nacido de nuevo
para poder creer en Cristo. Ha recibido vida de Dios por medio de Cristo, y así vivificado, ha
podido abrazar a Cristo. Antes, estaba espiritualmente muerto en sus delitos y pecados, y no
quería acudir a Cristo, pero nacido de nuevo, regenerado, ahora sí quiere y puede.
Como dice Tito 3:5, Dios salva al pecador “por el lavamiento de la regeneración y por la
renovación en el Espíritu Santo”. Antes, según el versículo 3, el pecador era esclavo del pecado.
Pero Dios en su bondad, su amor y su misericordia, da vida espiritual al pecador librándole de
su esclavitud. Todo esto, como dice el versículo 6, Dios lo derrama por Jesucristo, el Salvador.
Él es el Mediador por quien llegan las bendiciones de Dios a los pecadores. El bautismo hace
recordar y comunica estas bendiciones al creyente que se bautiza.
5. 1 Corintios 12:13. El bautismo significa que el creyente es miembro de la iglesia, el cuerpo
de Cristo. Jesucristo le bautiza con o en el Espíritu, de tal manera que se encuentra en unión con
Cristo (Romanos 6:4), la cabeza del cuerpo, y en unión con los demás creyentes, miembros
también de Cristo. Ya Tito 3:5 Hechos 2:38 nos ha enseñado que en el bautismo recibimos al
Espíritu Santo. En 1 Corintios 12:13, aprendemos que este Espíritu nos une con los demás
creyentes en Cristo, también miembros de la iglesia. Como miembros juntos en Cristo y con un
mismo Espíritu, nos unimos con la iglesia en sus funciones, cultos, programas y servicio.

En resumen, vemos que el bautismo significa todo lo siguiente:
– La limpieza o la purificación del pecado
– El perdón de los pecados
– El don del Espíritu Santo, su presencia en el creyente
– El arrepentimiento
– La unión del creyente con Cristo
– El nuevo nacimiento
– La renovación
– La unión del creyente con los demás miembros de la iglesia.
Puesto que el bautismo significa, entre otras cosas, ser miembro de la iglesia, queremos ahora
contestar otra pregunta:

¿Qué significa ser miembro de la iglesia?

PASO NÚMERO CINCO, EN CAMINO AL BAUTISMO
Buscamos contestar la cuarta de las seis preguntas anunciadas:
¿Qué significa ser miembro de la iglesia?
Siendo la iglesia el cuerpo de Cristo (Efesios 1:22,23), si somos de Cristo por medio de la fe en
su sangre, queremos unirnos estrechamente a la iglesia. ¿Qué implica hacerse miembro de ella?
Para entender mejor este tema, recomendamos la lectura de:
“Miembros los Unos de los Otros” por Lane
Por medio de su bautismo en la Iglesia Cristiana Gracia y Amor usted se hará miembro de ella.
Por lo tanto, para entender cómo es ella, recomendamos la lectura de los siguientes documentos:

1. “Estatutos de la Iglesia Cristiana Gracia y Amor”
2. “Los Distintivos de la Iglesia Cristiana Gracia y Amor”
3. “Esto Creemos”. Es la declaración de las doctrinas principales de la Biblia, tal como las
creemos.
Nuevamente, los pastores están a la orden para charlar sobre el contenido de estos documentos.
Claro, el bautismo es solamente el principio de la vida de un cristiano. Es como nacer. Después,
hay que crecer en esta vida nueva.
Preguntamos, pues:
¿Cómo es la vida cristiana?

PASO NÚMERO SEIS, EN CAMINO AL BAUTISMO
Buscamos responder la quinta pregunta de las seis anunciadas:
¿Cómo es la vida cristiana?
En los estudios y las lecturas anteriores, hemos respondido en buena parte esta pregunta. Sin
embargo, para repasar y entender mejor, recomendamos la lectura de las hojas,

“La Vida Cristiana”
Pídalas, por favor, al pastor. Estudie bien cada página para poder contestar bien las preguntas al
pie de cada una.
Las hojas “La Vida Cristiana” son uno de los cursos en el primer nivel del programa “Avance
Bíblico”; este es un programa de estudio del cual hablaremos en la próxima hoja.
Queremos responder una pregunta más en camino al bautismo. Puesto que cada cristiano debe
crecer en conocimiento y en la gracia de Cristo para servir a Dios en la iglesia y en el mundo, nos
hacemos la pregunta:
¿Cómo hago para crecer como cristiano?

PASO NÚMERO SIETE, EN CAMINO AL BAUTISMO
Buscamos responder la última de las seis preguntas anunciadas en la primera hoja:
¿Cómo hago para crecer como cristiano?
Si uno va a crecer como cristiano, debe hacer uso de los medios por los cuales Dios da su gracia.
¿Cuáles son?
1. La Palabra de Dios – el conocimiento de las Sagradas Escrituras y la obediencia a ellas.
2. La oración
3. La comunión con el pueblo de Dios
4. Los sacramentos
De estos temas algo hemos estudiado en las lecturas anteriores. Sin embargo, a continuación,
damos dos recomendaciones más sobre el crecimiento como cristiano:
1. Recomendamos que inicie y siga el programa sistemático de estudios bíblicos que la Iglesia
Cristiana Gracia y Amor ofrece. Se llama:
“Avance Bíblico”
Incluimos una hoja que da los distintos niveles y cursos de este programa. Para tener más
detalles, hable con los pastores.
2. Recomendamos como muy necesario para el bienestar espiritual, la costumbre de tener
comunión diaria con Dios por medio de la Biblia y la oración. En las hojas,
“La Hora de Comunión con Dios, Todos los Días”
Anotamos algunas sugerencias sobre cómo tener este tiempo devocional personal de
comunión con Dios. Sin esta costumbre diaria, es muy difícil crecer debidamente y ser fuerte
y útil en la causa de Cristo.

LA HORA DE COMUNIÓN CON DIOS, TODOS LOS DÍAS
ABEMOS que Dios hizo a Adán y Eva y que los hizo para Él. Quiso tener comunión con ellos.
Ahora quiere tener comunión con su pueblo. La idea es que Dios quiere comunicarse con su
pueblo, y quiere recibir comunicación de su pueblo. Esta comunicación no es un asunto de palabras
únicamente, sino de entrega de todo el ser en amor el uno al otro. Como dijo Jesucristo:
“…El que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él… El que me
ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” Jn.
14:21,23
Es decir, Dios quiere que le amemos de todo corazón, y este amor se muestra en comunión con
Él. Claro, Dios no puede entregarse totalmente a su pueblo, porque Él es infinito. Sin embargo,
Dios se comunica en la medida en que su pueblo sea capaz de recibirle.
Al venir a la tierra, Jesucristo tenía el propósito de restaurar la comunión perdida cuando el
pecado rompió la relación de amor. En Cristo Dios restaura el mayor beneficio posible para el ser
humano: la comunión con Él por la fe en Cristo. Así no nos sentimos solos, y así somos cambiados
para glorificar a Dios y gozar de Él.
Por la fe en Cristo gozamos de esta bendición, y queremos cultivarla para llegar a ser más y más
como debemos ser. Como escribió el apóstol Pablo en 2 Corintios 3:18:

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor,
somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
Mediante la comunión con Dios, la imagen de Dios es restaurada más y más en nosotros, la que
fue arruinada cuando Adán pecó. Fíjese en los siguientes textos que hablan de esta restauración:
“Porque a los que antes conoció Dios, también los predestinó para que fuesen hechos conformes
a la imagen de su Hijo…” Romanos 8:29

“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores parto hasta que Cristo sea formado en
vosotros…” Gálatas 4:19
Con las palabras anteriores Pablo quiso decir que sufría y se esforzaba casi como la mujer dando
a luz, deseando y haciendo lo posible para lograr que los creyentes en la provincia de Galacia
tuvieran un cambio en ellos, el carácter de Cristo formado en ellos.)
“…Crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es. Cristo.” Efesios 4:15
“… Habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual
conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta el conocimiento pleno…” Colosenses
3:9,10
Solo mediante este cambio, podemos ser auténticamente felices, auténticamente humanos,
genuinamente útiles para la gloria de Dios en este mundo. Solo así podemos pensar, sentir, querer,
juzgar, actuar, y hablar correctamente. Al nacer de nuevo, al creer en Cristo, el creyente apenas
empieza la vida cristiana. Es en comunión con Dios por medio de Cristo y en el poder del Espíritu
Santo que el creyente crece como cristiano.
Si es tan importante este crecimiento, la pregunta es:

¿Cómo tener esta comunión por la cual crecemos?
La respuesta es que Dios nos habla mediante las Sagradas Escrituras, la Biblia, y le hablamos
por medio de la oración. Esto sucede de manera especial cuando nos reunimos con otros creyentes
como iglesia en culto a Dios. Debemos reunirnos todo lo posible en los cultos regulares de la
iglesia.
Además, debemos tener comunión personal con Dios todos los días. Cada creyente debe estar
diariamente a solas con Dios buscando su rostro. Tenga como guía las siguientes Sugerencias:

Primera sugerencia: aparte para el Señor cierto tiempo cada día, ojalá a la misma hora todos los
días, para su tiempo de comunión con Dios. Si posible, es bueno que este tiempo sea temprano
en el día, quizás la primera cosa después de levantarse, para que la mente esté fresca y para que
pueda tener orientación espiritual antes de iniciar las otras actividades del día. Pero, si no le es
posible apartar tiempo para la comunión con Dios al principio del día, luego busque el tiempo
cuando pueda, ojalá con pocas interrupciones y sin estar demasiado cansando.
¿Cuánto tiempo debe apartar para su culto a Dios, es decir, su comunión con Dios? No hay
regla fija en esto. En resumen, busque pasar el tiempo que pueda con el Señor. Quizás menor
de 15 minutos es muy poco para entrar de lleno en el espíritu de comunión con el Señor, para meditar su Palabra y para orar. Si puede tener una media hora o una hora o más, ¡magnífico!
Uno no escatima tiempo para estar con su Amado.

Segunda sugerencia: tenga el sitio más adecuado para su hora de devoción, el lugar más privado,
de menos ruido, y de menos distracciones. Si puede, es bueno tener el mismo sitio cada día, para
que al empezar sea más fácil recogerse y entregarse a la actividad de buscar al Señor.
Tercera sugerencia: Bueno, digamos que llegó el momento de su comunión con Dios. ¿Qué hacer?
Primero, prepárese, recogiendo sus pensamientos, y dirigiéndose a Dios brevemente en oración.
Ore a Dios pidiendo su bendición en el tiempo con Él. Recordamos que en todo, dependemos
de Él y de su Espíritu, y esto de manera especial en los ejercicios espirituales.
Cuarta sugerencia: abra su Biblia a la parte que le corresponde para el día. ¿Cómo escoger cuál
parte leer? Es bueno por lo regular leer a través de un libro entero de la Biblia, y después otro,
etc. Así va siguiendo el hilo de cada libro y recibe el mensaje completo que Dios quiere dar por
medio de dicho libro. Podría empezar con uno de los evangelios. Después lea alguna de las
cartas de los apóstoles. Después otro evangelio, y así sucesivamente hasta completar el Nuevo
Testamento. Luego lea el Antiguo Testamento.
Si prefiere, existen unas hojas de guía para la lectura diaria. Solicite una.
¿Cuánto de la Biblia debe leer cada día? No hay regla fija. Si tiene tiempo para leer todo un
capítulo cada día, ¡maravilloso! Si no, escoja una parte, un párrafo de un capítulo. Lo importante
es que tenga tiempo para entender y meditar lo leído. Claro, uno no debe demorar tanto que
jamás lea toda la Biblia, porque todo ella es importante.
Quinta sugerencia: bien, a leer la parte que le corresponde. Al leer, busque primero cuál es el tema
o el título que resume lo leído.
Aconsejamos que tenga un cuaderno en el cual escribir lo que aprende. Esto no es esencial,
pero es una ayuda para poder recordar y para poder cristalizar sus pensamientos. Al fin y al
cabo, la comunión con Dios implica estudio, pensamiento, esfuerzo mental, aprendizaje. Es
asunto de entender un libro, la Biblia, la Palabra de Dios. De otra forma, uno no escucha en
verdad lo que Dios está diciendo. Lo que uno no comprende o no asimila, para poco sirve.
Así, pues, con su cuaderno abierto, escriba arriba en la página la fecha del día. Después, en
el renglón siguiente, anote la parte que va a leer. Después de leerla, en renglón aparte, escriba
el título o el tema de lo que ya leyó. Así:
Fecha:
Pasaje Bíblico:
Tema:

Sexta sugerencia: si tiene tiempo, lea el pasaje otra vez, y después escriba un breve resumen de lo
leído. O, si no lleva cuaderno, diga en sus propias palabras lo que ha leído. No es asunto de
incluir todo detalle, sino lo esencial. Uno quiere entender cada parte de la Biblia. Así, pues, en
renglón aparte de su cuaderno, escriba:

Un resumen breve del pasaje:
Séptima sugerencia: no hemos terminado todavía. El propósito de entender la Biblia es el de
ponerla por obra. Así es que ahora, en un renglón aparte en el cuaderno, anote:
La lección para mí:
Escriba allí brevemente la lección que Dios tiene para usted en esta lectura y meditación. En
cada pasaje hay muchas lecciones. Pero usted va a escoger una o dos que son las más importantes
para usted en el momento y en sus circunstancias particulares. En esto, tiene que ser muy
personal y muy específico. Busque que su vida sea cambiada a la luz de la Biblia. Para ayudarle
a discernir qué podría ser la lección para usted, hágase todas o algunas de las siguientes
preguntas:
1. ¿Hay algún mandamiento que debo obedecer?
2. ¿Hay algún pecado o error que debo evitar?
3. ¿Hay alguna promesa que puedo reclamar?
4. ¿Hay una amenaza a la cual debo prestar atención?
5. ¿Hay una oración que podría hacer a Dios?
6. ¿Hay alguna explicación de la cual puedo aprender? Sobre todo, ¿hay alguna explicación en
cuanto a la salvación de Dios por medio de Cristo?
7. ¿Hay alguna virtud o cualidad (amor, gozo, paz, paciencia, bondad, honestidad, etc.) que debo
tener o aumentar?
8. ¿Hay un buen ejemplo que debo imitar?
9. ¿Hay un mal ejemplo que debo evitar?
10. ¿Hay una verdad en cuanto a Dios (Padre, Hijo, Espíritu Santo) que debe motivarme en mi
conducta?
Octava sugerencia: no hemos terminado todavía. Ya a la luz de la lectura y meditación, sabemos
qué debemos hacer. Pero, ¿qué haremos? Es importante no dejar la cosa en el aire, sino ser muy
específico, y escribir exactamente qué haremos. Así, pues, en un renglón aparte en su cuaderno,
escriba:
Lo que pienso hacer:

La hoja de su cuaderno parece más o menos así:
Fecha:
Pasaje:
Tema:
Un resumen breve del pasaje:
La lección para mí:
Lo que pienso hacer:
Novena sugerencia: ore. Diríjase a Dios. Hasta ahora, hemos escuchado la voz de Dios. Así es la
comunión con Él. Nótese que escuchar la voz de Dios exige pensamiento, estudio, y atención.
No podemos estar dormidos y tener comunión con Dios. No es asunto de poner la mente en
blanco y esperar que nos sobrevenga algún sentimiento. Queremos oír y entender. Siendo que
Dios nos habla en la Biblia, tenemos que entenderla.
Pero ahora siguiendo en la comunión con Dios, debemos responder y hablar a Dios. Esto se
llama oración. No es charlar con uno mismo, sino dirigirse a Dios. Esto exige concentración y
atención. Uno tiene que tener todo el pensamiento puesto en lo que está haciendo. Cierre los
ojos. ¿Arrodillarse? Sí, si quiere, pero no es necesario. ¿Levantarse las manos a Dios? Sí, si
quiere, pero tampoco es necesario. La posición del cuerpo no es lo esencial. Sea como sea,
busque al Señor con todo el corazón. Quiere que Él le oiga. ¿Hablar en voz alta? Sí, si quiere y
si no molesta a otras personas. ¿Hablar en voz baja? Podría ser. ¿Orar sólo con el pensamiento?
Esto también es aceptable.
¿Qué decir al orar?
Dé gracias a Dios por lo que aprendió de su Palabra. Pida que Dios le ayude a obedecer,
a cambiar y a cumplir, y todo para su gloria.

Alabe a Dios por lo que es y por lo que ha hecho. Dele gracias por todo, especialmente por
su salvación en Cristo y por su provisión. Pero dele gracias por todo, ya que toda buena dádiva
viene de su mano.
Confiésele sus pecados. Ruéguele su poder para dejar el pecado.
Ruéguele su bendición en todas las actividades del día.
Preséntele todas las peticiones que quiera con respecto a su propia vida, a favor de otras
personas, a favor de la iglesia, a favor de la nación, y a favor del mundo entero.
Para no olvidar las cosas que debemos estar pidiendo, es recomendable tener otro cuaderno
en el cual anotar todas las peticiones. Escriba en él los nombres de las personas y los asuntos por los cuales queremos pedir. A medida que Dios responda nuestras oraciones, podemos anotar
la fecha, y así nos animamos a seguir orando con la seguridad de que Dios nos oye y nos
responde.
Así, brevemente, con estas nueve sugerencias hemos explicado cómo tener comunión con Dios,
personalmente, todos los días. Escuchamos a Dios en las Escrituras, y después hablamos con Él en
oración.
¡Cuidado, sin embargo! ¡Que esto no se vuelva una cosa mecánica! Tenemos que cuidar que sea
en verdad comunión entre uno y Dios y no una rutina de meros ejercicios religiosos o intelectuales.
Pero, sí, debe ser asunto de todos los días. Debemos formar el hábito de vivir conscientemente
en la presencia de Dios. Debemos apartar tiempo para estar a solas con Él.
Después de nuestro tiempo con Él, salimos a enfrentar el día. Pero esto no quiere decir que no
tenemos más contacto con Dios a través del día. Constantemente, al tener la mente libre de otras
obligaciones, nos dirigimos a Él. Oramos sin cesar. En medio de las tensiones y tribulaciones y
alegrías del día, recordamos alguna palabra suya. Nos guía en todo. Practicamos la presencia de
Dios, porque Él está en todas partes, y gozamos siempre de estar con Él. Nunca estamos solos.
¡Qué privilegio tener comunión con Dios! Y la tenemos mediante Jesucristo y en el poder de su
Espíritu.