La crianza de los niños, 9 principios básicos

QUÉ bueno que esté interesado en este tema. Son de las pocas cosas que son en realidad
importantes en la vida. ¡Cuánto queremos a nuestros hijos! Queremos que sean útiles en la
sociedad y en el reino de Dios. Queremos que sean felices. En cuanto a la parte humana, esto
depende de nosotros.
¿No tiene hijos? No importa. Aun así, este cursillo es para todos. ¿Tiene nietos? ¿Es profesor?
¿Ayuda en la escuela dominical? ¿Tiene amigos o vecinos que tienen hijos? Bueno; en todos los
casos las enseñanzas de este cursillo son valiosas para usted y le ayudará a criar hijos aun cuando
no sean los suyos.
1. A menudo los padres tienen problemas en la crianza de sus hijos. Se vuelve una tarea
desagradable y frustrante. Con frecuencia, los padres fracasan. ¿Por qué es así? No debe ser
así, porque casi siempre la pareja anhela fervientemente tener hijos y los padres los quieren
muchísimo. Entonces, ¿por qué tanta frustración? Creo que la razón básica es la siguiente: Los
padres en alguna medida no saben imponer su autoridad sobre los hijos. Podemos decir sin
temor a equivocarnos que: “los hijos mandan” Por ser así, resulta una continua pelea entre
padres e hijos; los padres tienen miedo.
Temen que si someten la voluntad del niño a la de ellos, los niños van a sufrir daño; es un mito,
y desde ahora, debemos deshacernos de ese mito. La verdad es todo lo contrario; los hijos
necesitan y desean la autoridad de los padres para que se sientan seguros y queridos. Dios
estableció el hogar de tal forma que los padres manden sobre sus hijos. Así es que el deber de
los padres es el de orientar a los pequeños en su desarrollo, con la autoridad que Dios les ha
dado tienen que insistir en que los hijos les obedezcan -en todo lo bueno-.
La autoridad de los padres es esencial. Es esencial aún si no existiera el pecado en el mundo y
en el corazón de cada pequeñito que nace. Con esa presencia heredada de los padres, si no se les guía con autoridad, con naturalidad, los hijos andarán mal. En los niños su tendencia es
hacia lo malo. La autoridad es para impedir que los hijos anden sin frenos en caminos de
rebeldía y de desastre.

“Pero”, dirá alguno, ¿no es cierto que muchos padres abusan de su autoridad? ¿No hay padres
que hacen daño a sus hijos con exigencias fuera de razón y con castigos extremos? Sí;
tristemente eso es cierto. Sin embargo, el abuso de una buena norma –de algo bueno e
imprescindible– no hace que debamos desecharla. “Uno no deja de comer, porque algunos
comen demasiado” La disciplina para los hijos exige que prestemos atención minuciosa a
todo lo que Dios dice sobre la vida. Debemos educar a nuestros hijos con inteligencia,
compasión, cariño, amor y paciencia. La palabra de Dios, la Biblia nos da instrucciones
completas sobre cómo usar la autoridad paternal.

2. Es cierto que la crianza de los hijos no es fácil. Ya comentamos la tendencia fuerte y natural
en los hijos de ir por lo malo. Hay otras razones:
Hay tremendas presiones en el entorno político y social en contra de los consejos de Dios para
el hogar. Incluso en algunos círculos, la tendencia es la de prohibir la disciplina física en la
corrección de los hijos. ¡Cuidado con la mala interpretación de lo que estamos diciendo! No
estamos hablando de autoritarismo. En el entendido de causar daños físicos.
También y muy común es que algunos padres no saben cómo cumplir con esta función; de
manera que al no tener el ejemplo de sus mismos progenitores, buscan aprender por la
experiencia de sí mismos, de otros, de libros y en el mejor de los casos de profesionales que
aconsejan.

3. ¿Cómo pueden los esposos prepararse para esta tarea? Quizás el mejor consejo es que los
padres, para poder ejercer disciplina y autoridad en sus hijos, deben saber hacerlo con sus
propias vidas. Es decir, el padre debe insistir sobre sí mismo en obediencia para responder con
lo que debe hacer. No hacerlo implica que tampoco puede hacerlo sobre sus hijos. Si se es
disciplinado en el cumplimiento de sus deberes, se crea la base suficiente para hacer que los
hijos a su vez cumplan. La disciplina es más una actitud que una técnica. Vivir con seriedad y
consistencia es un reflejo que los hijos reciben directa e indirectamente para hacer lo mismo.
Dicha actitud produce respeto. Así que la mejor preparación para moldear el carácter de los
hijos es la de moldearse uno mismo primero.

4. Volvemos a insistir en este principio básico: Los padres tienen y deben ejercer autoridad
sobre los hijos –en todo–. Este principio implica que los hijos obedecen a los padres –siempre–
. Los padres mandan y sin excepción los hijos hacen. Este es el camino de la paz en el hogar y
en las relaciones entre padres e hijos. Es la fuente de un ambiente de felicidad y armonía. Al
insistir los padres en esto desde el momento en que los hijos pueden entender, muy pronto los
hijos aprenden que no existe otra opción que la de obedecer. Si quieren rebelarse ¡dejarán de
hacerlo o por lo menos estarán atentos a no intentarlo! De esta manera casi desaparece la
necesidad de castigo –no habrá necesidad–. Con solo mandar una vez se realiza lo necesitado y todo irá bien. Los padres no sufren trastornos o brotes de ira que podrían llevarles a abusos –
nunca justificados–. Los hijos por su parte adquieren la sumisión y responsabilidad.

5. Hagamos una aclaración; lo anterior tiene su peligro: la actitud de sumisión y de obediencia
puede volverse una esclavitud para los hijos; puede quitarles toda iniciativa y dañar su
personalidad.
Por lo tanto, el principio de la autoridad de los padres sobre los hijos necesita explicación: para
que sea una autoridad sana, exige que haya cariño, compasión, comprensión, paciencia, amor,
alegría y otras. Esta autoridad exige que los padres sean amigos de sus hijos, que pasen buen
tiempo con ellos jugando, explicando, compartiendo, apoyando consolando demás de otras.
Esto debe ser obligatorio tanto para el padre como para la madre.

6. Llevemos este principio básico a la práctica. ¿Cómo hacen los padres para que los hijos les
obedezcan? Como ya lo dijimos no es una cuestión fácil; sin embargo, se trata de un asunto de
insistencia, perseverancia, y las consecuencias se verán por la instrucción que Dios da.
Busquemos esa práctica con un ejemplo: desde muy temprana edad (menos de un año), es
importante que el pequeñito comprenda que no debe tocar ciertos objetos para que no los dañe
o para que no se haga a sí mismo daño. ¿Cómo se hace? El niño, al querer tocar lo prohibido,
sencillamente el padre o la madre le toman de la mano y le dicen que no debe hacerlo. Si al
soltarle la manito, el niño vuelve a intentarlo y se repite una y otra vez, el padre previamente
en oración y pensando en la autoridad delegada de Dios, pega de una manera suave en la mano
del pequeñito; si el niño mantiene la misma acción, debe nuevamente reprenderlo con un
golpecito un poco más fuerte, –sin hacerle daño–. En todo este procedimiento el padre de una
manera seria, pero firme, debe mantener su actitud calmada. –No grita, ni se enoja–. Por lo
regular después de un poco de tiempo el niño deja de tocar lo prohibido y la siguiente vez que
lo intente; el padre debe nuevamente decirle “no”. El niño recuerda la última vez que se propuso
hacer lo mismo y como resultado no insiste tanto. El problema se agrava cuando el papá le dice
que no, pero después de que el niño persiste, el padre se desentiende y deja que el niño proceda
a tomar lo prohibido sin ninguna amonestación. Tal proceder enseña al pequeñito que la palabra
del papá no es ley y que con insistir un poco, ¡se saldrá con la suya! Así es que el niño queda
reforzado en su egoísmo y se vuelve cada vez más rebelde. En tal situación se hace necesario
la disciplina –un mayor castigo–. Actuando desde un principio, con seguridad no habrá abusos
de la autoridad sobre los hijos –no habrá autoritarismo–.
Claro, muchas veces en el caso de los niños muy pequeños, lo mejor es quitar esas cosas de su
vista y sustituirlas por otras que no causen daño o curiosidad. El ejemplo utilizado es para
elementos que no se pueden quitar de su sitio o que no pueden ser reemplazados por otros. A
medida que el niño crece debemos insistir en el procedimiento descrito, buscando que el hijo
obedezca de acuerdo a la instrucción dada.

7. En este principio básico de “los padres tienen y deben ejercer autoridad sobre los hijos –en
todo–”. Lo que queremos enfatizar es que los hijos deben obedecer toda orden de sus padres.
Muchas veces los padres deben dar explicaciones para que los niños actúen con inteligencia y no simplemente a ciegas. Esta forma debe utilizarse de manera perspicaz por los padres y no
simplemente por capricho del menor. Será admisible de parte de los niños para que comprendan
la orden impartida; pero se debe discernir lo suficiente de manera tal que no sean manipulados
por puro gusto del niño. Debe ser utilizada en la medida en que se necesite y crezcan. Tampoco
deben admitir que el hijo pida explicaciones, solo con el objeto de demorar o evadir la
obediencia; el hijo debe obedecer solo por el hecho de estar a la orden de sus padres.
Acordémonos: el hijo debe obedecer siempre. Si se permite que el hijo desobedezca alguna
vez, reforzamos su tendencia natural de desafiar la autoridad de los padres y seguirá
intentándolo. Si por fin se da cuenta que nunca se va a salir con la suya, comienza a obedecer
en seguida, sin discusiones y sin peleas. Así reina la paz, la armonía y la tranquilidad en el
hogar. De otra forma, se crea un ambiente de zozobra, tensión constante y el hogar se vuelve
un lugar donde los hijos no quieren estar. Salen y se van para la calle cuantas veces puedan.
Acordémonos: el hijo debe obedecer siempre. Castigar al hijo por desobedecer no es
necesariamente lo mismo que insistir que el hijo obedezca. Sucede muchas veces que los padres
castigan al hijo desobediente, pero después de castigarle, no insisten en la obediencia. Un
ejemplo: ¿cuál es el objetivo? Hacer que el niño entienda quien tiene la autoridad. Entonces en
el momento de presentarse el “problema” se debe dedicar todo el tiempo y esfuerzo para hacer
entender al niño ¡quién tiene la autoridad! Vamos a escenificar el proceso: un niño bota con
desdén un objeto al piso, y la madre se da cuenta del hecho y le da la instrucción de recogerlo.
El niño no le presta atención y continúa en su actividad. La madre debe insistir en la orden
impartida para desechar que el pequeño no haya escuchado o que habiendo oído se haya hecho
el desentendido. Si el niño no reacciona cumpliendo la orden, debe repetir la instrucción,
añadiendo que no puede continuar haciendo lo que estaba haciendo (o quisiera hacer) hasta que
no recoja el objeto del piso y lo coloque donde estaba. Si el niño persiste en su actitud de no
hacer caso, la madre debe mantener su posición física frente al niño; además de instruir con
amor, que no va a cambiar la instrucción, que no se va retirar hasta que el decida cambiar de
actitud y obedecer la orden impartida. El pequeño va a tratar de evadirse del sitio, de acudir en
ayuda a otra persona cercana que lo defienda y siempre va a tratar de rehuir para no cumplir
por el medio que sea. Aquí es cuando el padre y la madre deben estar de acuerdo en que no se
va cambiar la instrucción; no importando el tiempo que sea necesario dedicar, –se le castiga
oponiéndose a que ejecute otra acción– hasta que el niño recoja y coloque en el mismo sitio
donde se encontraba el objeto que ahora está en el piso. Después de varios intentos de parte del
niño de no obedecer, va a comenzar a pensar que debe aceptar la instrucción, porque no puede
continuar realizando sus actividades, de manera que reacciona cumpliendo la orden impartida.
Este es solo el principio de este cursillo. Lo grueso del estudio está en 37 sermones grabados
sobre el tema. MOLDEANDO EL CARÁCTER DE NUESTROS HIJOS. Los predicó el pastor Sugel
Michelen de la Iglesia del Señor Jesucristo de la ciudad de Santo Domingo, de la Republica Dominicana. Es una enseñanza basada en las Sagradas Escrituras. Es decir, el pastor Michelen
busca comunicarnos el consejo de Dios para nuestros hogares.
Los padres deben escuchar juntos cada una de las conferencias (sermones); será un tiempo
de compartir, comentar y anotar las preguntas. La Iglesia Cristiana Gracia y Amor estará atenta
a escuchar cualquier inquietud que tenga al respecto. Queremos ser de apoyo mutuo en esta
tarea que Dios nos ha dado. Si logramos hijos felices, educados en la instrucción y disciplina
del Señor, tendremos bases para la edificación saludable de la sociedad y cambios en la patria.
Sin hijos disciplinados desarrollados, poca esperanza hay para la normalidad en las otras
instituciones que Dios estableció. Al fin y al cabo una sociedad no es mejor que sus miembros.
Dios en su bondad puede superar y muchas veces supera los fracasos nuestros, pero otras
muchas veces, como reprensión de nuestra desobediencia, deja que suframos las consecuencias
normales. Que no tentemos a Dios esperando que Él nos bendiga con paz si nosotros no
hacemos uso de los medios que Él ha ordenado para que la haya.

8. Pero, para que no pensemos que en nuestras manos está el éxito, reconozcamos con profundidad
que este depende de la bendición del Señor Jesucristo. Es cierto, como acabamos de decir,
que tenemos que cumplir la parte que Dios nos asigna, pero aún si cumplimos, si Dios no
produce el carácter deseado en nuestros hijos, nuestros esfuerzos tampoco lo harán. Así es que
debemos aprender a orar a Dios por medio de Jesucristo para su bendición. De esto el pastor
Michelen habla con frecuencia a través de los 37 sermones. Tenemos un bosquejo impreso de
cada sermón, preparado para que le sea más fácil para su estudio, para su asimilación y puesta
en práctica.

9. A medida que escuche cada sermón, tenga su Biblia a mano y una libreta para hacer sus
anotaciones. Escriba las citas que el pastor señala y después repáselas con cuidado. Queremos
que Dios lo instruya y aconseje.
A medida que vaya escuchando los sermones, se dará cuenta, que la enseñanza que el pastor
muestra de la Biblia tiene aplicación en muchas otras esferas de la vida, además de la tarea
de criar a los hijos. Si escuchamos estos sermones con cuidado y sujetos a la voz del Espíritu
de Dios, resultaremos mejores personas en todo sentido.
No escatime de su tiempo para escuchar cada sermón. ¡No por favor! No piense que es
demasiado. Si las cosas andan bien y no ha experimentado nada grave o anormal, o si por el
contrario van mal, este es el momento de tomar las medidas necesarias para el reforzamiento
(si van bien) o para el cambio (si van mal). ¡Tenemos que dar prioridad a lo más importante!
Debemos dedicar el tiempo que sea necesario para corregir un mal que cada vez más nos
envuelve, que cada día se vuelve peor. El mal al fracaso de los padres para educar a sus hijos
en la sabiduría de Dios, el Creador. Disciplínate pues, a aprender a comprender y a practicar
sin cesar, hasta el fin. ¡Al final no vas a lamentar el esfuerzo!